Disciplina



Que un hombre se conquiste a sí mismo es la primera y más noble de todas las victorias. -Platón.


Dice el magnánimo James Allen que, “siguiendo los más íntimos deseos, aspiraciones, pensamientos, por los cuales se deja dominar (persiguiendo visiones engañosas de impura imaginación, o caminando con pie firme el camino de elevadas aspiraciones), el hombre finalmente recibe por completo los frutos de éstos en el entorno de su vida.”


Las circunstancias no me hacen, más bien, me revelan a mí mismo. Puedo dejar la vida pasar por mis decisiones viciosas y encontrarme un día arrepentido por aquello que no hice, o puedo ascender a la virtud continuando con el cultivo de aspiraciones más nobles o virtuosas y encontrarme un día con el júbilo de haber hecho lo correcto y de haberme construido. Hasta aquí todo esto muy bonito pero...


¿Cuántas veces he pospuesto alguna actividad que me llevará a ser mejor hombre? ¿cuántas veces he preferido quedarme acostado un rato más? ¿cuántas veces he dicho, "mañana empiezo"? Y así, se va yendo el tiempo, el día, la semana... la vida. Y es que cometo muy seguido el error de asumir que mi vida es por siempre. Después de muchas eventualidades en las que no entraré en detalle, concluyo que esas decisiones deben tomarse ahora mismo por que no vine aquí para siempre y nadie es responsable de mi vida más que yo.


Es aquí donde la disciplina toma un papel importante y por eso es que quiero que sea el tema central de este escrito. Lejos de proclamarme el hombre más disciplinado del mundo, escribo esto como reflexión, para volver un día a releer los presentes renglones y recordar las cosas que me parecen esenciales para ser el hombre que quiero y digo ser. Espero de igual manera y con desinteresado espíritu, que quien resulte lector de mis embrollos, tome también algo de claridad o invitación al auto-análisis, por qué eso nos toca a cada quien en la soledad de la introspección.


Voy a permitirme tomar un ejemplo como base para el presente ejercicio, que aunque pudiera parecer banal y cotidiano, he llegado a apreciar la importancia que tiene. Me refiero a levantarme temprano. Al escribirlo me parece sencillo, pero cuando lo pienso y hago, se convierte en la primera batalla del día y quien resulta ser el enemigo soy yo y mi voz que me dice que es mejor volver a la comodidad y el calor de mi cama. Cuando logro conquistarme a mí mismo, me levanto temprano y me ejercito en el parque cercano. Lleno mi cuerpo de energía, oxigeno mi cerebro, produzco así endorfinas que me ponen de buen humor y entonces me siento fuerte y dueño de mí mismo. Caso contrario, cuando me despierto tarde, a prisa y mi primer pensamiento es “que flojera”, empieza a cundir el caos y el desorden. Me alimento mal, salgo tarde al trabajo y en casos muy extremos, todo se va al carajo. Tiendo a culpar a los demás y olvido observarme a mí mismo.


En una de esas instancias de decisión donde, a pesar de muchas cosas, logré levantarme muy temprano, me fui al parque y en el camino de regreso, vi como el cielo tenía un color naranja-rojizo que contrastaba con los edificios de la urbe y me pareció particularmente hermoso. He estado un tanto ansioso de mejorar mis circunstancias y ese día en particular sentí que estaba teniendo algún avance. Me vino a la mente que tal vez, para mejorar mis circunstancias, deba primero mejorarme a mí mismo (una obviedad, tal vez, pero cosas así las olvido fácil). Perseguir la virtud y forjar mi carácter y de paso me gano el placer de ver el amanecer urbano y de caminar con el fresco de la mañana.


Es en este punto que alcanzo a apreciar el trabajo de mi luz y mi sombra. El orden y el caos. Aquello que me hace, en este caso, vivir mí día a día con mi luz, es la disciplina. Pienso entonces en ejemplos más allá de madrugarle y entrarle a los trancazos desde temprano y encuentro muchos. Comer bien, ahorrar, ser un mejor amigo, compañero, empleado o jefe, etc. Todo lo centro, desde mi punto de vista, en la disciplina. En conquistarme a mí mismo y construirme con constancia como un hombre íntegro cuya palabra es oro puro, fundido a fuerza de voluntad. Me visualizo así y me siento fuerte.

Así es que, ¡ya es hora de levantarse!

Emmanuel Galván Martinez.

Colibrí de muchos colores.


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